LA FUERZA DE SHECCID
¿Que tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue Jesús mío?
Que a mi puerta, cubierto de rocío,
Pasas las noches del invierno oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis extrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mí ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plastas puras!
Cuántas veces el ángel me decía:
¡Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía!
Y cuántas, hermosura soberana:
-Mañana le abriremos-respondía,
para lo mismo responder mañana.
Carlos sale del cuarto , después de leer la carta de Sheccid y comprender que el amor de Dios es enorme, platica con la mamá y le cuenta todo, y aunque Sheccid ya no esta siempre la llevara en su corazón.